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jueves, 9 de febrero de 2012

Por puro amor

El día se levantó tan turbado como ella. Le dolía tremendamente la cabeza, pero sobre todo el estómago... ¡Oh, maldito estómago! Se sentía pesadísima, como si hubiese engullido más de lo que se podía permitir.
Lo había vuelto a hacer ¿Por qué? ¿Por qué se había dejado llevar de esa manera tan estúpida? Sentía que se la llevaban los demonios. Se supone que estaba en su naturaleza comportarse así, pero lo odiaba... Se odiaba a sí misma simplemente por ser quien era.
Estaba condenada a vagar sola de por vida, sin nadie con quien compartir su corazón, sin nadie a quien amar y sin nadie que la amase. Y lo peor es que tenía tanto amor guardado en su interior que incluso le dolía.

Sí, es cierto, más de una vez se había enamorado, y no sólo eso, muchos se habían enamorado perdidamente de ella, pero todos habían acabado igual. Aún tenía el sabor del último amante en sus labios. Había sido perfecto. Él había sido de entre todos el más romántico, el más dulce, con quien mejor se había entendido y el único que había pronunciado un «te quiero».
–¿Me juras amor eterno? –le había preguntado él en el lecho.
Ella le había mirado con los ojos, sus enormes ojos, anegados en lágrimas.
–Ojalá pudiera hacerlo –le había confesado con la voz compungida– pero no está en mi naturaleza... Lo siento –añadió sin poder ocultar su pena.
¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué, por qué? Aún sentía su cuerpo en su interior. Aún podía oír sus gritos de lamento ¿Por qué, por qué? Mientras acababa con él, se sentía caer precipitadamente en un abismo, devorada por la miseria ¿Por qué, por qué? El corazón le dolía, más que la cabeza, más que el mismo estómago ¿Por qué, por que? ¿...Por qué siempre era el mismo final? ¿Por qué algún día no era ella la víctima? ...Si al menos pudiera tener hijos para darles todo el cariño que llevaba dentro, pero su vientre estaba tan seco como su propia alma.
¡Qué curioso nombre le había otorgado Dios! Era como una broma de mal gusto: Mantis Religiosa, ¡ja! ¿Se supone que debía lealtad a su Creador? ...No, no, de eso nada. Le odiaba. ¡Qué ironía!, odiaba al único ser capaz de quererla por siempre. Pero si en verdad Él era todo bondad, ¿por qué había hecho de ella una asesina?
...Por amor... por puro amor.

lunes, 16 de enero de 2012

Lo peces no tienen voz, el relato protagonizado por el pez Littleshark, ha sido publicado en la antología Grandes Relatos del 2011, de la web Internacional Microcuentista.
Aquí os dejo el enlace de la publicación:
Grandes Microrrelatos del 2011

¡¡Muchas gracias a todos por vuestro apoyo!!

miércoles, 28 de diciembre de 2011

El oráculo

La gitana observaba la bola con el ceño fruncido, concentrada en las siluetas vaporosas que nadaban en su interior como el humo de un cigarro. Frente a ella, un hombre apuesto esperaba impaciente la respuesta a su consulta: su mujer le había dejado recientemente y temía pasar el resto de su vida solo. ¿Conocería a otra mujer? ¿Sería feliz con ella?

Las sombras empezaron a perfilarse y, ante los ojos de la adivina, la esfera se transformó en un espejo. Lo que vio provocó en ella un escalofrío que le trepó por la espalda hasta llegar a su nuca e hizo temblar las cuentas de su pañuelo. Dicen que una adivina no puede predecir su propio porvenir, pero aquel era el futuro que el caballero había pagado por conocer.
–¿Qué ha visto? –preguntó él intrigado.
–No se lo puedo decir –dijo ella con las mejillas sonrosado. Llevaba toda la vida esperando un caballero como aquel: alguien que la mirase con aquel brillo de sinceridad, alguien que la besase como los hombres de verdad besan a las mujeres, alguien que, en fin, la quisiera y respetara como merecía. Por el contrario, siempre acababa con sinvergüenzas borrachos que se aprovechaban de ella. Pero ahora tenía aquella visión delante de sus ojos y no sabía cómo responder–. Guárdese el dinero, por favor.
–He pagado por conocer mi destino y no me iré de aquí hasta que me lo diga.
–Su destino –empezó a decir– también es el mío.

La gitana no podía dejar de observar la esfera, como hipnotizada. En ella podía ver reflejados el rostro de aquel hombre y el suyo propio fundiéndose en un apasionado beso. Ambos parecían muy felices, sin duda estaban hechos el uno para el otro.

martes, 13 de diciembre de 2011

Agujeros de gusano


Nuestro protagonista y su compañero entraron en un agujero negro. De pronto el Universo se curvó y todo empezó a dar vueltas y vueltas. Al principio los giros eran rítmicos y llevaderos, pero pronto se convirtieron en una espiral vertiginosa imposible de parar. Nuestro amigo era incapaz de distinguir qué era arriba y qué abajo –si es que alguna vez hubo un arriba y abajo– e intentó buscar a su compañero sin éxito.
De repente todo se volvió blanco y el movimiento empezó a aminorar. Miró a su alrededor; no había rastro de su compañero. En su lugar, decenas de entes que no había visto jamás se apelotonaban a su alrededor mutando de color para adaptarse al suyo, como lo harían los camaleones.
Había aterrizado en otra galaxia, lejos de su hogar y, sobre todo, lejos de su compañero. Sin él, su existencia no tenía sentido. Estaba condenado.

Cuando Luis abrió la lavadora y encontró que toda su ropa estaba rosa, por casi le dio un infarto. Al fondo encontró al culpable: un minúsculo calcetín, colorado como un tomate, que a todas luces no encajaba en su pie. ¿Cómo habría llegado aquella prenda hasta allí?

En la galaxia de origen, otro calcetín rojo, desparejado, lloraba la pérdida de su compañero. ¿Dónde van a parar los calcetines que no vuelven?

viernes, 9 de diciembre de 2011

Los peces no tienen voz


Littleshark disfrutaba observando un mundo convexo y deforme desde el cristal de su pecera. Álex, su dueño, entraba y salía del salón al tiempo que vestía la mesa con su mejor vajilla y dos velas.
Al rato, una hermosa mujer de volubles formas hizo su entrada. Álex le acomodó la silla, le sirvió una copa de vino y brindaron. A continuación se colocó tras ella, cogió una servilleta y rodeó con ella su fino cuello. Apretó.
Algo inusual sucedía ¿Qué era? ¿Por qué la joven estaba en el suelo? Poco importaba, Littleshark siempre olvidaba que vivía con un asesino.