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miércoles, 28 de diciembre de 2011

El oráculo

La gitana observaba la bola con el ceño fruncido, concentrada en las siluetas vaporosas que nadaban en su interior como el humo de un cigarro. Frente a ella, un hombre apuesto esperaba impaciente la respuesta a su consulta: su mujer le había dejado recientemente y temía pasar el resto de su vida solo. ¿Conocería a otra mujer? ¿Sería feliz con ella?

Las sombras empezaron a perfilarse y, ante los ojos de la adivina, la esfera se transformó en un espejo. Lo que vio provocó en ella un escalofrío que le trepó por la espalda hasta llegar a su nuca e hizo temblar las cuentas de su pañuelo. Dicen que una adivina no puede predecir su propio porvenir, pero aquel era el futuro que el caballero había pagado por conocer.
–¿Qué ha visto? –preguntó él intrigado.
–No se lo puedo decir –dijo ella con las mejillas sonrosado. Llevaba toda la vida esperando un caballero como aquel: alguien que la mirase con aquel brillo de sinceridad, alguien que la besase como los hombres de verdad besan a las mujeres, alguien que, en fin, la quisiera y respetara como merecía. Por el contrario, siempre acababa con sinvergüenzas borrachos que se aprovechaban de ella. Pero ahora tenía aquella visión delante de sus ojos y no sabía cómo responder–. Guárdese el dinero, por favor.
–He pagado por conocer mi destino y no me iré de aquí hasta que me lo diga.
–Su destino –empezó a decir– también es el mío.

La gitana no podía dejar de observar la esfera, como hipnotizada. En ella podía ver reflejados el rostro de aquel hombre y el suyo propio fundiéndose en un apasionado beso. Ambos parecían muy felices, sin duda estaban hechos el uno para el otro.

viernes, 18 de noviembre de 2011

El sueño


La noche dormía tranquila en la calle Almagro. El cristal cubría su desnudez con una ligera capa de lluvia, y en la habitación la televisión proyectaba sus sombras coloridas sobre el cuerpo de Fran. Como tantas otras noches, había llegado tarde del trabajo, se había preparado una cena rápida –nada especial, unas croquetas precocinadas– y se había tumbado en la cama a ver una película. Como tantas otras noches, igualmente, había sucumbido al sueño en los quince primeros minutos del filme, de hecho, hacía años que no veía el final de una película. Cuando abrió un ojo, Natalia Verbeke había sido suplantada por un hombre corpulento con una barba perfectamente perfilada que anunciaba unas sartenes capaces de solucionarte la vida. Fran tanteó la mesilla en busca del mando a distancia, apagó el infocomercial y se metió bajo las sábanas.
Aunque nadie lo había hecho hasta ahora, si le hubieran preguntado si era o no feliz no sabría qué responder. Él mismo se lo había planteado muchas veces. No tenía motivos para la felicidad pero tampoco tenía queja. Ganaba un buen sueldo, tenía una relación cordial con su familia, contaba con amigos que le telefoneaban de vez en cuando... Una vida normal, suponía, tal vez un poco insulsa. Mil veces se había planteado dejar lo poco que tenía y marcharse lejos. Nada le retenía. Lo único que le frenaba era ese pequeño ser que habitaba en su cerebro, quien le impedía hacer la mayoría de las cosas. Él le había hecho dudar de su compromiso con Laura, también con Elena y por último con Esther. Le había convencido de que no era una buena idea montar aquella casita rural en Ávila, y le había relatado porqué no estaba preparado para la vacante de gerente comercial. ¿Por qué cambiar las cosas cuando lo que tenemos no es malo?, le había planteado aquel ser.
Con esas se durmió. Mañana será otro día, se dijo.

El despertador sonó demasiado temprano y con un extraño pitido. Se levantó un poco desorientado. La cabeza le daba vueltas. El cuerpo le pesaba enormemente, como si de repente la gravedad hubiese aumentado en fuerza. Intentó apagar el despertador con su mano derecha, como hacía a diario, pero topó con un bulto que se movió al encuentro con el golpe. Fran se quedó paralizado, intentando discernir en la penumbra del cuarto qué era aquello que se movía. Pegó un salto de la cama, pero algo aún más extraño pasó: el suelo estaba demasiado alto, a la altura del colchón, así que tropezó de una manera absurda y cayó de bruces.
–¿Te encuentras bien, Furan? –Era una voz de mujer, dulce, con un extraño acento.
Fran se quedó paralizado. ¿Qué estaba pasando? ¿Quién era aquella mujer que le hablaba?
–Furan, ¿qué te pasa? Anda, vuelve a la cama, duerme unos minutos más.
–¿Quién eres? -preguntó él muerto de miedo mientras se recomponía de la caída.
–Como que quién soy! Soy yo, ¿quién si no? –respondió la desconocida con un tono de ofensa, pero al mismo tiempo alegre.
Fran buscó a tientas el interruptor de la luz pero por mucho que palpase no lo encontró. En su lugar, metió los dedos en una hendidura circular que parecía estar hecha en madera, movió la mano y algo se deslizó hacia un lado, como una especie de panel, tal vez una puerta secreta. Lo que estaba claro es que aquella no era su habitación.
–¿Qué haces? –preguntó la mujer.
Intentando huir de aquello, se coló tras el panel en busca de una salida, pero cayó de rodillas sobre algo mullido. Recorrió las paredes del pasadizo, echas, como el pomo, también de madera, pero era un espacio cerrado y estrecho en que se apilaban mantas y otros tejidos. Palpó un par de abrigos.
«Vale, estoy en un armario», pensó. «Tengo que tranquilizarme y pensar con claridad».
Se deshizo de las mantas y, a gachas, se escurrió por el suelo de la habitación. Tocó una especie de cojín tirado en la tarima que parecía bastante extenso, puede que incluso midiese un par de metros de largo. Continuó su expedición y dio con una mesita de madera sobre la que se apoyaba una pequeña pantalla plana. Sin querer, pulsó el encendido y aparecieron un par de personajes, uno rojo y otro verde cantando y bailando. El susto que se llevó fue tan grande que reculó y cayó de espaldas sobre el bulto con voz de mujer. Ésta emitió un grito de protesta y, quitándose a Fran de encima, se levantó.
Una luz potente iluminó todo el cuarto. Le costó unos segundos adaptar sus ojos a la claridad y, poco a poco, las sombras que discernía se volvieron más nítidas. Junto al vano de la puerta, con una mano sobre el interruptor, una joven mujer de rasgos asiáticos le miraba enfadada.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Cuento de Navidad... en crisis

Que el mundo está en crisis no es novedad. A diario sufrimos un bombardeo de noticias que retratan la situación actual socio-económica, y no sólo por parte de los medios de comunicación, sino también por parte del frutero, la panadera y el vecino de enfrente: países que dependen del sustento de otros, gente que son expulsados de sus hogares, ayuntamientos en suspensión de pagos, indignados que se manifiestan de manera multitudinaria... Todo esto son problemas que, a quien más y a quien menos, no le pilla de lejos.
Pero queda poco para las Navidades, época de consumo por excelencia, y todos (frutero, panadera y vecino incluidos) estaremos obligados a hacer un esfuerzo para hacer frente a los inevitables gastos si no queremos dejar en mal lugar a los prestigiosos almacenes. Así, haremos acopio de turrones y polvorones que nos durarán hasta junio, nos compraremos un nuevo vestido para que las fotos de este año no parezcan las del pasado y pagaremos veinte euros extras por entrar al mismo garito en el que paramos todos los fines de semana. La pregunta, sin embrago, es: ¿conseguiremos regalos para todos nuestros familiares? Sí, conozco la respuesta impulsiva del lector: "¡Claro que sí! ¡Aunque sea compraré las almendras garrapiñadas del DIA antes que dejar a mi abuela sin su botecito de Chanel number five!" Pero, a pesar de esas buenas intenciones, que no pongo en duda, es posible que no tengamos regalos navideños porque, no nos engañemos, el Polo Norte también está en crisis.

Unos estudiantes de Ciencias Empresariales de la Universidad del Pardillo han realizado recientemente una investigación sobre la situación económica de la empresa Claus&Claus.S.A. y los resultados son reveladores: la empresa está al borde de la quiebra y su desaparición será inminente si no encuentra pronto un grupo inversor que le inyecte capital.
Según el informe, publicado en la web www.quieromisregalosya.es, y como ha contrastado este medio, la crisis afecta ya a unas 50 familias, entre duendecillos, renos y otros seres. "Yo no sé que se piensa ese señor Claus -dice uno de los afectados-, ¿que vivimos del aire? ¡Yo tengo que pagar la hipoteca de mi casita de caramelo regularmente o me echarán y tendré que vivir en un charco de azúcar!"
La crisis se empezó a notar antes de las navidades pasadas, pero se agravó cuando el gobierno regional del Polo Norte no dio los incentivos que había prometido para hacer frente a las múltiples deudas que afronta la empresa. Desde diciembre de 2010 hasta ahora más de 300 duendes han sido despedidos y los que continúan ejerciendo su actividad se ven obligados a hacer horas extras sin que estas sean remuneradas. Además, las nóminas cada vez se cobran más tarde, llegando a haber retrasos de hasta cuatro meses. De esta manera, muchos trabajadores, a pesar de su indignación y desmotivación, sienten una gran presión ante el miedo a perder sus empleos.
Las tensiones entre los trabajadores y la patronal se acrecientan cada día más y ya se producen las primeras movilizaciones. A éstas se han sumado también el gremio de renos transportistas que temen que los recortes y los retrasos en las nóminas también les afecte a ellos.
Los sindicatos han anunciado que convocarán huelgas si no se paga a los trabajadores lo que se les debe y no se mejora su situación laboral. "No pedimos otra cosa que lo que se nos debe -declara Rudolf, representante sindical de ASFTJ (Asociación Sindical de Fabricantes y Transportistas de Juguetes)-. No vamos a trabajar más horas que las estipuladas por la ley, así se queden miles de hogares sin regalos, y exigimos una reforma del convenio justa donde vengan reflejados los pluses de nocturnidad y peligrosidad, que no es fácil enfrentarse a millones de niños."
Por su parte, la patronal acusa a los sindicatos de bloquear los acuerdos con los trabajadores difundiendo falsos rumores sobre un ERE encubierto y motivando una huelga que promete no cumplir los servicios mínimos. "Tenemos que entender que esta precaria situación económica nos afecta a todos -afirma el director de RRMM (Recursos Mágicos) en una entrevista exclusiva concedida a este medio en su lujoso despacho de hielo- pero tenemos que hacer un esfuerzo en pos del buen funcionamiento de la Navidad y, por supuesto, de la felicidad de los niños"

Por otra parte, parece ser que este año, para ahorrar costes en la producción, los materiales con los que están hechos los juguetes son de una calidad menor y se teme que, llegado el momento, los organismos reguladores de los estándares de calidad no aprueben los productos y éstos sean devueltos a la fábrica. Las maquinarias también son un inconveniente en la producción. Según nos ha informado el responsable de mantenimiento, quien, por cierto, lleva sin cobrar desde agosto, las máquinas BKB, encargadas de la fabricación de Barbies, Kenes y Bob Esponjas, y las CDB, que redondean los cedes, deuvedes y blurreis, se tenían que haber cambiado este año con la subvención prometida por el gobierno regional, pero como no la han recibido, no las han podido cambiar y cada dos por tres tienen que parar la cadena de montaje porque el sistema se ha colapsado. "Sin ir más lejos -cuenta el responsable de mantenimiento-, esta misma mañana se ha producido una explosión en una de las máquinas y cuando hemos conseguido apagar la fogata, hemos encontrado una Barbie que parecía jugar al hula hoop con el disco de Avatar."
Todos estos problemas llevan a cuestionar si la empresa será capaz de cumplir con los plazos de entrega y, en caso negativo, si podrá hacer frente a las deudas generadas por los retrasos en la producción. Otros de los gastos a los que se enfrenta Santa Claus es al incremento en el precio del polvo de hada, empleado como combustible en los trineos voladores, debido a los recientes conflictos en el País de Nunca Hamás.

Con todo ello, la Navidad, como la conocemos, es posible que no sea la misma. Es posible que este año muchos abetos se vean despoblados de sus habituales bultos de papel decorativo, muchas chimeneas prescindan de sus mullidos calcetines y la abuela se quede sin su botecido de Chanel Number Five.
La solución a estos problemas parece tenerla la multinacional asiática Tresmagos, cuyo socio capitalista Melchor ha anunciado esta misma mañana el inicio de una ronda de negociaciones con Claus&Claus en la que sus socios y él se plantean la compra del 65% de las acciones. De esta manera la compañía asiática se convertiría en socio mayoritario de la empresa polar y en el principal operador de regalos de todo el mundo, llegando a superar incluso al Ratoncito Perez.  (Informa M. Albalá, de la Agencia EÑE de Ñu)

Nacimiento

Doy por inaugurado el blog "Quill and Biscuits", en el que publicaré pequeños relatos surgidos de mi imaginación que espero que disfrutéis.